Santa Virgen Santísima, que te dignaste venir a Fátima para revelar a los tres pequeños pastores los tesoros de gracias escondidos en la recitación del Rosario, inspira nuestros corazones con un amor sincero por esta devoción, para que al meditar en los misterios de nuestra redención que en ella se recuerdan, podamos recoger los frutos y obtener la conversión de los pecadores, la conversión de todas las almas y esta petición que tanto anhelo,


“Un fin a las guerras, la injusticia y la crueldad y por la conversión de las almas”
que te pido en esta oración, para que puedas interceder por mí con tu amado Hijo, para mayor gloria de Dios, para tu propia honra y para el bien de todos los pueblos.
Amén.
¡Dios mío, creo, adoro, espero y te amo! Te pido perdón por aquellos que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.
Santa Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente, y te ofrezco el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad más preciosos de Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los que Él mismo es ofendido. Y, por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón, y del Inmaculado Corazón de María, te suplico la conversión de los pobres pecadores.
Padre nuestro,
Dios te salve,
Gloria al Padre,
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
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