Seguía la historia de ZTE hace ocho años cuando ocurrió la catástrofe: una prohibición estadounidense total la detuvo de inmediato. Una empresa con 80 mil empleados y ingresos que superan el billón de yuanes desapareció del mapa en un día. La escena fue dolorosa: sin chips Qualcomm, sin licencia de Android. La historia terminó con una multa de 1.4 mil millones de dólares y pérdidas anuales de hasta 7 mil millones de yuanes.



Pero lo que sucedió en febrero de 2026 fue completamente diferente. DeepSeek anunció un modelo V4 multimedios que dependerá completamente de chips locales, sin NVIDIA. La primera reacción del mercado fue de duda, pero detrás de este anuncio hay una cuestión más profunda: ¿cómo construyó China una verdadera independencia en poder de cálculo?

La verdad es que lo que ahoga a las empresas de inteligencia artificial chinas no son solo los chips. Es CUDA, la plataforma de NVIDIA que ha monopolizado todo el ecosistema desde 2006. Más de 4.5 millones de desarrolladores en todo el mundo están vinculados a ella, y cada línea de código que escriben profundiza la brecha. Cuando Estados Unidos impuso un veto a A100, luego a H100 y H20, las empresas chinas comprendieron que el problema real no era el chip, sino todo el entorno de software.

Pero hay una salida. Desde finales de 2024 hasta 2025, las empresas chinas adoptaron una estrategia completamente diferente: modelos de expertos híbridos. La idea es simple: en lugar de activar todo el modelo, se divide en pequeños expertos y solo se activa el más relevante para la tarea. Un ejemplo claro es DeepSeek V3: 671 mil millones de transacciones, pero solo se activan 37 mil millones, es decir, solo el 5.5%. ¿El costo de entrenamiento? 5.576 millones de dólares frente a 78 millones de GPT-4. La diferencia es enorme.

Esta evolución en los algoritmos se reflejó directamente en los precios. La interfaz de DeepSeek cuesta 0.028 dólares por millón de tokens, frente a 5 dólares de GPT-4. Las licencias son de 25 a 75 veces más baratas. En febrero de 2026, el uso de modelos chinos en OpenRouter aumentó un 127% en solo tres semanas, superando por primera vez a Estados Unidos.

Pero reducir los costos de inferencia no resuelve el problema del entrenamiento: ese agujero negro de poder de cálculo. ¿De dónde proviene la "excavadora" entrenada?

La respuesta está en una pequeña ciudad del sureste de China. En 2025, se construyó una línea de producción de computación completa en solo 180 días. Procesador Loongson 3C6000 y tarjeta T100 de Taichu Yuanqi, ambos completamente locales. Producción: un servidor cada cinco minutos. ¿Lo más importante? Estas chips comenzaron a entrenar modelos grandes reales. Zhipu AI entrenó GLM-Image completamente en chips chinos. La compañía de telecomunicaciones entrenó su modelo gigante en un pool de computación local que incluye decenas de miles de unidades de procesamiento.

Esto no es una inferencia, es un entrenamiento. Un cambio cualitativo total.

Detrás de esto está Huawei Ascend. Hasta finales de 2025, el número de desarrolladores superó los 4 millones, y más de 3000 socios. 43 modelos principales entrenados en Ascend. En marzo de 2026, Huawei lanzó SuperPoD en mercados internacionales. La potencia de procesamiento de Ascend 910B alcanzó el nivel de A100 de NVIDIA. La brecha pasó de ser inusable a usable.

Mientras Estados Unidos enfrenta una crisis eléctrica real: Virginia, Georgia e Illinois suspendieron nuevos proyectos de centros de datos. El consumo de energía podría alcanzar el 12% de la electricidad estadounidense para 2030, y la red ya está sobrecargada.

China, por su parte, produce 2.5 veces más electricidad que Estados Unidos, y los precios de la electricidad industrial en Occidente son solo 0.03 dólares, una cuarta parte del precio en EE. UU. Esto significa una capacidad energética enorme que puede dirigirse a la computación.

Ahora, la inteligencia artificial china sale al mundo en silencio, pero no el producto ni la fábrica. Lo que sale es el token (Token). La pequeña unidad de información que procesan los modelos se ha convertido en una nueva mercancía digital. Se produce en fábricas de computación, se transporta por cables submarinos al mundo.

La distribución de usuarios de DeepSeek dice mucho: China 30.7%, India 13.6%, Indonesia 6.9%, Estados Unidos 4.3%. Soporta 37 idiomas. En 2025, el 58% de las empresas emergentes de IA integraron DeepSeek en su infraestructura tecnológica. En China, controlaron el 89% del mercado.

Esto me recuerda otra guerra hace cuarenta años. Japón en 1986 firmó un acuerdo de semiconductores bajo presión estadounidense. Estaba en su apogeo: controlaba el 51% del mercado mundial en 1988. Pero tras el acuerdo, todo cambió. Ahora su participación cayó al 7%. Los gigantes se retiraron uno tras otro.

La tragedia japonesa fue aceptar ser el mejor producto en un sistema de división global, pero no construir un sistema independiente. Cuando la marea se retiró, solo quedó la producción.

China hoy se encuentra en una encrucijada similar, pero diferente. Enfrentamos una presión enorme: tres rondas de prohibiciones de chips en ascenso. Pero esta vez elegimos un camino más difícil: mejoras extremas en algoritmos, salto en chips locales desde inferencia hasta entrenamiento, acumulación de millones de desarrolladores en el sistema Ascend, y luego una difusión global de tokens en mercados emergentes.

Cada paso construye un sistema industrial independiente que Japón nunca tuvo.

El 27 de febrero de 2026, tres empresas publicaron sus resultados de chips locales en el mismo día. La mitad, fuego, la otra mitad, agua. El fuego: ingresos que crecen un 453%, 243% y 121%. El agua: pérdidas que alcanzan mil millones y 800 millones. Cada pérdida es dinero real en la búsqueda de construir un ecosistema independiente: investigación y desarrollo, soporte de software, ingenieros en el campo resolviendo problemas uno tras otro.

Estas no son pérdidas por mala gestión. Son el impuesto de una guerra que hay que pagar.

Hace ocho años preguntábamos: ¿podemos quedarnos? Hoy la pregunta es: ¿cuánto debemos pagar para quedarnos? El mismo precio es el progreso.
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