Muchas personas consideradas como "personalidades de tipo confrontacional", en realidad no nacen siendo dominantes o agresivas, sino que han estado en una fase de personalidad complaciente durante mucho tiempo: acostumbradas a tolerar, reprimir sus necesidades, priorizar los sentimientos de los demás, pero raramente siendo realmente respetadas o respondidas. Cuando empiezan a darse cuenta de que este patrón las mantiene en una situación de perjuicio y agotamiento a largo plazo, comienzan a cambiar hacia el otro extremo, pasando de una represión excesiva a una expresión intensa, de una constante retirada a una defensa firme e incluso vehemente de sí mismas. Esta etapa suele ser etiquetada por el entorno como "personalidad de tipo confrontacional". Pero este cambio es más una reacción de autoprotección que una intención de dañar a otros; en realidad, están compensando su yo que ha sido ignorado durante mucho tiempo, y están reaprendiendo cómo establecer límites, expresar su ira y sus necesidades. En este proceso, las emociones y los límites pueden aún no ser completamente estables, pero esto no suele significar que se vuelvan insensibles o malintencionados, sino que están en una fase de transición desde "no atreverse a hablar por sí mismos" hacia "empezar a intentar hablar por sí mismos".

Ver originales
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
  • Recompensa
  • Comentar
  • Republicar
  • Compartir
Comentar
Añadir un comentario
Añadir un comentario
Sin comentarios
  • Anclado