Cuando era más joven, mis padres siempre me empujaban a pasar menos tiempo frente a la pantalla y salir más a menudo.


Cuando internet todavía estaba cableado.
No los entendía.
Para mí, internet parecía un mundo entero. Más grande que el exterior y mucho más interesante.
Pensaba que simplemente no lo entendían.
Ahora ya no pienso así.
Internet en aquel entonces era un lugar mucho más amigable. La gente era la misma, pero los incentivos eran diferentes.
Era principalmente foros y pequeñas comunidades.
Esquinas de la web que tenías que encontrar.
No te estaban arrastrando… tenías que decidir ir allí.
El internet moderno es una especie diferente de bestia.
Ha sido diseñado. Armado.
Construido para drenar tu atención.
La atención es lo único que quieren.
Tanta como sea posible.
Todo, si pueden.
Y ahí es donde empieza a ponerse realmente incómodo.
Casi puedo imaginar un mundo en el que nos convertimos en el recurso.
Economías enteras construidas sobre la extracción de la atención humana… el tipo de avaricia de la que solían advertir en la Biblia.
Los humanos reducidos a organismos que alimentan el sistema, intercambiando atención por créditos,
y luego gastando esos créditos en cosas que no necesitan… una y otra vez.
Un ciclo cerrado.
Quizá no sea tan malo como a veces imagina mi mente.
Pero no estoy dispuesto a averiguarlo de manera pasiva.
Estoy bajando la línea base de estimulación.
Estoy reduciendo mi presencia en línea.
No quiero volver atrás.
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