Acabo de notar algo que probablemente muchos están pasando por alto. México se está posicionando estratégicamente en un momento crítico para su economía. La próxima semana, México y Estados Unidos iniciarán conversaciones bilaterales para revisar el T-MEC, el acuerdo comercial que han mantenido con Canadá durante más de tres décadas. Pero aquí viene lo interesante: México llega a esta cita con un poder de negociación considerable.



Marcelo Ebrard, secretario de Economía, ha dejado claro que México es el principal exportador hacia Estados Unidos. Los números lo respaldan. En enero, México concentró 16.6% del intercambio comercial total de Estados Unidos, superando el 15.6% que tenía en 2025. Esto es significativo porque ocurre justo cuando Trump está usando aranceles como herramienta coercitiva contra otros países. México, en esencia, se ha convertido en la moneda de cambio estratégica, el coin de mayor valor en el tablero comercial norteamericano.

Mientras tanto, China sigue perdiendo terreno. Pasó de 7.4% del comercio estadounidense en 2025 a 6.6% en enero. Taiwan subió a 6.0%, Vietnam a 4.7%. Pero aquí está el dato que pocos destacan: estos países asiáticos en conjunto representan 45.7% del comercio total estadounidense. La competencia sigue siendo feroz.

Canadá registró 11.8% de participación, quedando claramente rezagado frente a México. La distancia se amplía. Y es que Estados Unidos ha tomado una decisión geopolítica clara: fortalecer su integración regional para contrarrestar el peso de Asia.

Pero no todo es color de rosa. Justo antes de estas conversaciones, Estados Unidos anunció nuevas investigaciones bajo el artículo 301, incluyendo temas de sobrecapacidad, sobreproducción y fijación de precios de productos farmacéuticos. Ebrard respondió con confianza, diciendo que el 85% del comercio de México con Estados Unidos no está bajo la sección 301 y sigue sin arancel. Básicamente, aseguró que no hay motivo de preocupación.

Los temas que México y Estados Unidos revisarán inicialmente son tres: reducción de la dependencia de insumos asiáticos, reglas de origen, y seguridad en la cadena de suministros. Esto refleja una estrategia clara de Washington.

En paralelo, México está moviendo sus fichas diplomáticas. Una misión de empresarios mexicanos visitará Canadá entre el 7 y 9 de mayo para conversar sobre el futuro del T-MEC. Además, México impulsará la reducción de aranceles al acero y aluminio.

Lo fascinante es que existe consenso tanto en el gobierno mexicano como en el empresariado: se logrará mejorar las condiciones para México. En Estados Unidos, la mayoría del empresariado también aboga por mantener y fortalecer el acuerdo. Parece haber entendimiento mutuo sobre la importancia de la integración regional.

En el fondo, el destino económico de México depende del fortalecimiento del T-MEC. Y el destino de Norteamérica depende en buena medida de cómo México negocie en esta cita transcendental. Los datos están a favor de México, su posición como principal socio comercial de Estados Unidos Unidos Mexicanos es su mayor coin de negociación. Pero todo dependerá de qué tan bien juegue sus cartas en las próximas semanas. Veremos cómo se desarrolla esto.
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