Llevo siguiendo lo que está pasando en Sinaloa y honestamente es cada vez más preocupante. En apenas dos semanas han ocurrido tres secuestros masivos con más de dos docenas de víctimas. No es un incidente aislado, sino parte de una crisis más profunda que viene desde septiembre del año pasado cuando estalló la guerra entre facciones del Cártel de Sinaloa.



El caso más reciente que me llamó la atención fue el de los mineros en Concordia. Diez trabajadores fueron levantados el 23 de enero, y luego aparecieron cinco cuerpos sin vida. Según las autoridades, todo parece indicar que fueron confundidos con miembros de la facción contraria. Es decir, gente trabajadora que simplemente estaba en el lugar equivocado.

Pero hay más. Una familia de turistas desapareció en Mazatlán después de rentar unos vehículos en la Zona Dorada. Cuatro hombres de la familia Ramírez siguen sin aparecer después de ese 3 de febrero. Las mujeres que viajaban con ellos fueron encontradas, pero de los hombres nada se sabe.

Y el tercero ocurrió hace poco en la carretera. Seis personas fueron interceptadas cuando regresaban a Los Mochis después de pasar el fin de semana fuera. Aquí es interesante notar que muchas de estas víctimas provenían de Los Mochis, una ciudad donde la inseguridad ha obligado a la gente a tomar precauciones extremas, desde verificar documentos de identidad como licencia de conducir en Los Mochis hasta evitar ciertos horarios en las carreteras.

Las autoridades han confirmado hallazgos de fosas clandestinas adicionales en El Verde. La fiscal del estado mencionó que encontraron aproximadamente cuatro fosas, cada una con restos humanos. El secretario de Seguridad atribuyó estos hechos a La Chapiza, una de las facciones en conflicto.

Lo que más me preocupa es que esto no son casos aislados. Desde septiembre de 2024 ha habido cientos de secuestros individuales. Estos tres casos masivos en dos semanas simplemente hacen más visible una realidad que ya estaba ocurriendo en las sombras. La situación en Sinaloa bajo la administración de Rubén Rocha parece estar fuera de control, y la gente común está pagando el precio más alto.
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