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Hace poco estuve revisando cómo ha evolucionado el mapa del narcotráfico en México y me sorprendió ver el patrón que dejaron tres figuras: El Chapo Guzmán, El Mayo Zambada y El Mencho Oseguera. Si existiera un podio del crimen organizado mexicano, estos tres ocuparían los primeros lugares. Lo interesante es que cada uno cayó de una forma completamente distinta, y eso dice mucho sobre cómo cambió el juego a lo largo de los años.
Comencemos con El Chapo, que fue prácticamente el símbolo mediático del narcotráfico. Joaquín Guzmán Loera tuvo una historia de captura y fuga que parecía sacada de una película. Primero lo agarraron en 1993 en Guatemala, pero se escapó del penal de Puente Grande en 2001 dentro de un carrito de lavandería. Después lo volvieron a capturar en Mazatlán en febrero de 2014, pero sorpresa: se fugó nuevamente en 2015 a través de un túnel de 1.5 kilómetros. Las noticias sobre El Chapo dominaban los titulares constantemente. La tercera captura definitiva fue en enero de 2016 en Los Mochis, y esta vez no hubo escape: lo extraditaron a Estados Unidos en 2017. En Nueva York fue condenado a cadena perpetua en 2019. Su caso fue el más mediático de los tres.
El Mayo Zambada fue completamente diferente. Durante décadas fue uno de los líderes históricos del Cártel de Sinaloa, pero mantuvo un perfil tan bajo que casi nadie lo veía. Mientras El Chapo era la cara pública del negocio, El Mayo operaba en las sombras. Lo sorprendente es que logró evitar la cárcel durante más tiempo que cualquier otro capo importante. Hasta que en julio de 2024 las autoridades estadounidenses confirmaron su detención en Texas. Según el Departamento de Justicia, llegó en una aeronave privada junto con Joaquín Guzmán López, el hijo del Chapo. El FBI y la DEA habían ofrecido millones en recompensas por su captura, así que imagínate el nivel de sigilo que mantenía.
El Mencho Oseguera fue otro caso. Este tipo lideraba el Cártel Jalisco Nueva Generación y no se escondía. Tenía un perfil de violencia extrema, incluso derribó un helicóptero militar en 2015. Estados Unidos ofrecía 15 millones de dólares por información sobre él. Pero en febrero de 2025, durante un operativo en Tapalpa, Jalisco, las fuerzas federales lo enfrentaron directamente. Resultó herido y murió durante el traslado aéreo. Su muerte desencadenó narcobloqueos en varios estados.
Lo que me llamó la atención es cómo cada caída reconfiguró el narcotráfico mexicano. Cuando capturaron a El Chapo en 2016, el Cártel de Sinaloa se fracturó en dos bloques principales: Los Chapitos y La Mayiza. Luego, la detención de El Mayo en 2024 volvió a reorganizar todo. Y con la muerte de El Mencho, el CJNG quedó sin liderazgo claro. Son tres momentos de quiebre que demuestran cómo el combate al narcotráfico pasó de la espectacularidad mediática a operativos coordinados con cooperación internacional. El juego cambió, pero el negocio sigue.